¿Es necesario un Apple Watch?

Esta pregunta podría extrapolarse a otros muchos dispositivos. ¿Por qué «necesitamos» un lavavajillas, o un microondas, el mando a distancia de la televisión, el mando de apertura de las puertas del coche, etc.? Todos son prescindibles, pero una vez nos acostumbramos a usarlos, se nos hace difícil renunciar a ellos.

Cuando compré a finales de 2015 un Apple Watch, primera edición (Series 0), mi objetivo era usarlo sobre todo para la monitorización de la actividad física, aunque luego me di cuenta de que eso era la punta del iceberg; cuando empiezas a usarlo y te das cuenta de cómo te entrega las notificaciones del móvil ya merece la pena tenerlo.

A primeros de este año 2018 lo cambié por un Series 3, mucho más rápido, con mayor capacidad de batería, GPS integrado, resistente al agua y más funcionalidades. El Series 0 se había vuelto lento y la batería ya no aguantaba el día completo si monitorizaba una actividad deportiva.

Toda mi vida he practicado deporte, pero nunca tenía las herramientas necesarias para obtener referencias realmente útiles, más allá de varios dispositivos por separado, como un pulsómetro, un cronómetro o el reloj de la bicicleta que contaba con GPS; no era práctico para obtener todos los datos que quería desde un sólo dispositivo.

El Apple Watch hace todo eso, ya que monitoriza toda la actividad que realizas mientras lo llevas contigo de forma totalmente transparente gracias a sus sensores de movimiento, el pulsómetro, GPS, altímetro y el propio software, el cual te propone que completes los tres anillos de actividad en las 24 horas que dura el día; estos anillos son: movimiento, ejercicio y horas de pie. Además, cuenta automáticamente los pasos que hacemos, fijando un objetivo por defecto de 10.000 pasos al día. Lo ideal sería completar al día los tres círculos de actividad y un mínimo de 10.000 pasos, unos 6-7 kilómetros, para mantener un mínimo de forma física. Obviamente, cuanto más hagas, mejor, y en eso de superarse también es bueno el reloj de Apple, ya que estudia tu actividad y te propone retos cada vez más complicados de superar. Si bajas el ritmo, lo notará y reducirá las pruebas que te proponga, pero siempre motivándote.

El anillo de movimiento se completa cuando quemamos un determinado número de calorías que previamente habremos definido aunque, con el tiempo, el reloj te propone que cambies ese valor en función de la actividad física que realices con el objetivo de que mejores día a día, y siempre en función de tus posibilidades y ambiciones.

El anillo de ejercicio se completa cuando completamos 30 minutos de actividad «intensos». Por intensos se entiende caminar a buen ritmo, por ejemplo.

El anillo de horas de pie se completa si nos mantenemos de pie y en movimiento al menos un minuto en cada hora durante doce horas. Completar este anillo nos ayuda a combatir el sedentarismo, ya que nos avisa a los 50 minutos de estar sentado si no nos hemos levantado de la silla o el sofá.

Completar los tres anillos de actividad física al día nos ayuda a mantener hábitos saludables que tendremos que complementar con una dieta equilibrada. Si somos capaces de completar los tres anillos durante los siete días de la semana o durante un mes entero, el Apple Watch nos «premia» con diferentes logros para seguir motivándonos. Como motivación extra, podemos competir contra nuestros amigos que también cuenten con un Apple Watch, ver en tiempo real sus progresos desde el propio reloj, enviarles mensajes para «picarles», etc.

Otra gran utilidad del Apple Watch radica en las notificaciones, y es que desde el momento en que lo usas te das cuenta de que algo ha cambiado para siempre. Antes de comprar el reloj, cuando llegaba una notificación al iPhone, ya fuera un mensaje, un correo, una llamada, un «like», etc. tenía que molestarme en sacar el teléfono del bolsillo (si quería ver lo que había llegado) y ver qué notificaciones tenía pendientes; normalmente la mayoría de ellas son prescindibles en el momento que llegan, y el Apple Watch es perfecto para su gestión: un WhatsApp, un email, una llamada inoportuna, una notificación de Twitter… son cosas que no necesitamos ver al momento por lo general y que te hacen perder muchísimo tiempo a lo largo del día.

La entrega de las notificaciones se puede configurar para «decirle» al iPhone cómo nos las va a enviar a través del reloj: cuáles va a entregar al Apple Watch además de al iPhone y cuáles se van a quedar en el móvil sin que lleguen al reloj para así no «molestarnos» con notificaciones que no necesitemos o no queramos ver en el mismo momento en que lleguen. Además, el «taptic-engine» del Apple Watch hace que éste vibre de forma diferente según con qué notificaciones: la llegada de un mensaje en WhatsApp hace vibrar al reloj de forma diferente que con la entrada de un email o de una llamada telefónica que, por cierto, también se pueden rechazar, hacer y recibir desde el Watch sin necesidad de usar el móvil para nada.

El uso del reloj para la gestión de las notificaciones no sólo es mucho más rápido que desde el móvil, ya que de un vistazo rápido a la muñeca sabes lo que tienes pendiente de consultar, también es más discreto, ya que no tenemos que mirar el móvil continuamente. Además, al usar menos el iPhone, gasta menos batería.

Otro de los usos que se le puede dar al reloj es el de GPS; le decimos al reloj (gracias a Siri) que nos lleve a tal sitio, y nos mostrará las indicaciones en su pantalla sin tener que ir mirando el móvil por la calle. En cada intersección nos dará un número diferente de toques de vibración según haya que girar a la izquierda, a la derecha o seguir recto y así no tener que mirar la pantalla del reloj si no queremos. Si tu modelo no es un Series 2 o 3, que son los que incorporan GPS, el reloj usará el GPS del iPhone en su lugar.

Por último, por fin ha llegado a España Apple Pay, gracias al cual se puede pagar con el iPhone (a partir del 6) o con el Apple Watch (todos los modelos) en cualquier establecimiento que tenga un lector de tarjetas de crédito que funcione con el chip NFC, tecnología inalámbrica con encriptación de datos.

¿Habéis probado alguna vez a acercar la tarjeta de crédito al lector y no tener que introducirla en la ranura correspondiente? Acercarla y listo. Seguro que sí. Pues lo mismo con el iPhone: lo acercas al lector y pagas con la huella digital. Adios PIN para siempre. Pero esto mismo, si lo haces con el Apple Watch es mucho más rápido. Acercas el reloj al lector y ya está, ni siquiera te pide el PIN.

Si os estáis preguntando por la seguridad, no os preocupéis. Si alguien os roba el reloj no le va a servir de nada porque al ponérselo le pedirá el PIN de desbloqueo, y sin él, el reloj no funcionará.

Llevo algo menos de un mes pagando con el Apple Watch, y ya no hay marcha atrás. Si a eso sumamos todas las funcionalidades que tiene, para mí se ha convertido en un dispositivo imprescindible, al igual que el móvil.